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Escuela

“Nacer africano es ser un marginado en el mundo. Nacer en Uganda es ser un marginado en África. Nacer en Katwe es ser un marginado en Uganda. Nacer niña es ser una marginada en Katwe”.

Phiona Mutesi nació y creció en el horrible arrabal de Katwe, en Kampala (Uganda). Huérfana a los 3 años (su padre murió de SIDA) y durmiendo en la calle junto a su madre y hermanos, su destino parecía escrito para una niña pobre entre los pobres, donde la muerte, el VIH y la prostitución es la realidad más cercana. Una día cualquiera, buscando por las calles entre la basura algo que comer junto a su hermano conocieron a Robert Katende, un misionero que lanzaba a los niños de la calle un anzuelo con cebo muy simple: un plato diario de comida a cambio de acudir a aprender a jugar al ajedrez.

Phiona confiesa que tanto a ella, como a su hermano y a los demás niños, el ajedrez no les importaba nada en un principio. Lo esencial era la supervivencia. Cada día acudían a por su ración de comida que recibían después de mover unas piezas sobre un tablero. Poco a poco Phiona fue destacando entre los demás. Recuerda que el día que equiparó la necesidad de tener su plato de comida diario con el interés por jugar al ajedrez fue cuando ganó a un chico por vez primera. Y desde ese momento, lo único que quería era seguir derrotándolos.

Pronto se formó un equipo de niños del arrabal de Katwe. El hecho de poder competir contra otros niños de fuera de ese infierno, ver otras realidades, ser tratados en igualdad de condiciones ya era una victoria. Y además, ganaron las partidas sobre el tablero. Phiona fue jugando cada vez más, estudiando y ganando a rivales mucho mayores que ella y con sólo 11 años de edad, se proclamó campeona nacional sub-20 del país.

En 2010 representó a Uganda en las Olimpiadas que se celebraron en Rusia. Era la primera vez que veía un aeropuerto, un avión, un hotel, comida a su disposición cuando tenía hambre, una cama con sábanas… El resultado es lo de menos. Ahora Phiona duerme junto a su familia en su nueva casa y destina parte de los beneficios que le reporta el libro de Tim Crothers y la película estrenada sobre su vida “La Reina de Katwe” a escuelas de ajedrez para niños.

El ajedrez enseña a los niños a evaluar, a pensar en soluciones antes de que el problema se presente, a tomar decisiones lógicas frente a una situación, a planificar, a no darse nunca por vencidos, a respetar al rival y a exigir ser respetado, a aprender del error y a responsabilizarse de los que uno comete, aparte de acrecentar la autoestima. Y si estos son aspectos importantes que un niño debe aprender en cualquier lugar del mundo, en el arrabal de Katwe es una cuestión de supervivencia.

Benjamin Franklin dijo que la vida se parecía al ajedrez. Boris Spassky que el ajedrez era como la vida. Un proverbio chino señala que el ajedrez se asemeja en todo a una vida… Bobby Fischer, simplemente sentenció, como si hubiera conocido la historia de Phiona: “El ajedrez es la vida”

Aquí podéis ver un breve documental que cuenta su historia.

https://vimeo.com/66265058

Pedro M Vicente, profesor de ajedrez

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